La maestría en el manejo de socios

Comencé mi primera sociedad en febrero de 2018, junto con mi primera experiencia como gerente. Fue un reto muy grande. En ese entonces, mi socio me llevaba 16 años, y definitivamente nos complementábamos muy bien. Sin embargo, factores económicos y externos, como la llegada del COVID, hicieron que esa sociedad llegara a su fin. Aun así, la comunicación siempre se mantuvo.

Luego tuve otra experiencia como socia, en otra industria y en una etapa distinta de la vida, cuando todos éramos solteros. Y ahí entendí algo importante:

No es lo mismo formar una sociedad entre solteros que cuando cada integrante empieza a formar una familia.

Al inicio, la emoción por emprender muchas veces hace que no se creen las famosas políticas entre socios. Con el tiempo, cambian las necesidades, los requerimientos y también los aportes, no solo económicos, sino de tiempo y compromiso.

Por eso, formar una sociedad no se trata solo de ser amigos, sino de establecer reglas claras:
funciones definidas, niveles de participación y políticas internas que permitan convivir y sostener la relación en el tiempo.

Terminar una sociedad es difícil, pero también es parte del crecimiento personal y profesional. Al final, una sociedad se forma para construir en base al respeto y a reglas básicas de convivencia; si estas no están claras, la convivencia se vuelve complicada.

Gracias a Dios, aunque una sociedad haya terminado, siempre fue prioridad para mí seguir generando empleo y mantener a las personas que formaban parte de ella.

Desde aquel 2018, con cierto temor, pero con la convicción de seguir creciendo, inicié mi camino hacia la formación de emprendimientos.

La lección es clara:

Antes de crear una sociedad, primero pregúntate si realmente es necesaria.

Evalúa si podrías apalancarte con un préstamo externo o bancario. Analiza si la sociedad será equitativa, no solo en capital, sino también en aportes de tiempo, esfuerzo y compromiso, y si existe la convicción de ser sostenibles en el tiempo.

Hoy tengo pocos socios, pero son personas confiables, humildes y con valores claros, donde la palabra tiene peso y los acuerdos se respetan, no solo por un contrato, sino por la amistad y el respeto que existieron desde el inicio.

Porque una sociedad no se mide solo por cuánto aporta cada uno, sino por cómo se respeta la palabra, los acuerdos y la visión compartida en el tiempo.

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