“¿Qué hace Noemy en conciertos de rock?”
Eso es lo que me dicen mis amigos y mi familia, quienes me conocen desde la adolescencia y la universidad. En esa etapa yo era más fan de la música indie, coreana o romántica. Nunca imaginé enamorarme de alguien a quien le apasiona el rock —y del pesado—.
Pero uno no cambia los gustos del otro, y tampoco se trata de hacerlo. Se trata de amar así. En lugar de alejarme de la música que a él le gusta, decidí acompañarlo. Hubo un tiempo en el que él iba solo a los conciertos, y yo me preocupaba cuando regresaba tarde. Así que un día le dije: “Inclúyeme en tu próxima salida”. Y así empezó mi paso por los conciertos de rock.
Muchas veces ni siquiera sé bien dónde serán (jaja), pero voy feliz. Feliz de escucharlo disfrutar, de acompañarlo y de recordar mi época de colegio, cuando mis compañeros escuchaban este tipo de música y me la compartían.
El primero de este año fue Vivo por el Rock. Recuerdo especialmente a Marilyn Manson —sí, al inicio me confundía con el nombre y pensaba que era mujer, jeje—, pero definitivamente un capo en lo suyo. Qué timbre de voz.
Luego fui a un concierto sinfónico de Fabio Lione. Una experiencia maravillosa: ver violinistas, todo un equipo sinfónico detrás de un cantante de rock… simplemente hermoso.
Y lo último fue el concierto en el Estadio San Marcos con Linkin Park. Tuve que salir antes que termine porque había muchísima gente. Lo curioso fue la comida: intentamos pagar con tarjeta o monedero digital, pero solo aceptaban efectivo. Resultado: nos quedamos sin comer ni tomar nada.
Tip importante: lleven efectivo, porque a veces no hay ni señal 😄😄.
Más allá de todo, lo más chévere es ver disfrutar a tu compañero, sentir la adrenalina del momento y darte cuenta de que tú también lo terminas disfrutando.
A esto yo le sigo llamando los pequeños placeres…

